MALVINAS 2000 - Capitulo VII - Página 061

Como nuestros conocimientos terrestres son muy limitados, cuando queremos explicarnos fenómenos de aparatos y seres alienígenos que aparecen y desaparecen, utilizamos de inmediato la teoría de la cuarta dimensión, u otra dimensión desconocida. Que si bien es cierto también existen, no son aplicables a estos casos.

Peter.-Pero J. C., en sólo diez mil años más no podría evolucionar tanto la raza humana, vos mismo decís que esa cantidad de años no son absolutamente nada en el espacio-tiempo.

J.C.-Te recuerdo que el progreso del hombre en la Tierra es constante, pero geométricamente proporcional a medida que va avanzando en su tecnología; y si no, recordemos solamente que en este siglo se realizaron más inventos espectaculares que en toda la historia de la humanidad.

Para inventar la rueda, el hombre, desde sus albores, demoró miles de años y la misma no tuvo mayores transformaciones hasta hoy. Pero si bien también demoró unos miles de años más para inventar un chip de computadora, en poco tiempo evolucionaron tanto que casi no tienen similitud con los primeros, y no podemos imaginarnos cuánto evolucionarán solamente en los próximos cien años. Que en esta medida sería mañana.

Aparte de ello, entre la aparición del Homo Erectus y el Homo Sapiens, transcurren más de un millón de años. Pero la llegada real del hombre moderno -que reemplazó a los arcaicos humanos como los de Neanderthal- ocurrió hace apenas unos cuarenta mil años. Esto nos da una acabada idea de la desproporcionalidad de tiempo que necesitó un período y otro.

Hace apenas unos doce mil años, con el drástico cambio de clima para bien de la Tierra, en la que se retiraron las capas de hielo que por milenios habían recubierto la misma, especialmente el Hemisferio Norte, recién la raza humana empezó a fundar verdaderas ciudades. Durante miles de años había vivido de la caza, la pesca y la recolección de frutos.

Los cavernícolas advirtieron que mudar sus hogares a los campos de granos, era más fácil que arrastrar las mieses a las cuevas, y para agilizar las cosechas, grupos de familias trabajaron y habitaron juntos.

Cuando unos mil años después, descubrieron cómo irrigar el suelo, el hasta ahí preocupante abasto de comida, quedó garantizado. Incluso hubo excedentes. Tan inaudito era el hecho, que quiénes controlaban estos remanentes recibían el tratamiento de dioses.

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