MALVINAS 2000 - Capitulo VII - Página 063
No quiero ni pensar qué pasará en los próximos cien años, donde el avance de la ciencia nos superará ampliamente a casi todos los hombres. Pues no es muy sencillo asimilar la tecnología creada por un grupo selecto de científicos, valiéndose de computadoras avanzadas y todos los ingenios necesarios, la cual debe ser resumida de tal forma, que cada cerebro humano pueda interpretarla correctamente y valerse de ella, y a veces en instantes. Cada día se nos hace más difícil, y esto crea mayor brecha entre el conocimiento medio y la tecnología, la cual se irá ampliando a pasos agigantados en el futuro. Te doy un simple ejemplo: desde Hipócrates hasta fines del Siglo dieciocho, muy pocos medicamentos fueron introducidos al arsenal terapéutico, entre ellos los principales fueron: tintura de opio, mercurio, quinina, digital e ipecacuana. En contraste, el ritmo de cambio es tan vertiginoso en nuestros días, que se calcula que sólo entre 1958 y 1970, cuando ocurrió la llamada "explosión terapéutica", se incorporaron más de cuatrocientos setenta nuevas sustancias con real valor curativo. Peter.-Realmente lo que decís es muy cierto. A veces me asusto al considerar los conocimientos que estamos adquiriendo tan aceleradamente, y temo se nos escapen de la mano en un futuro mediato, con el consecuente peligro para la humanidad. Especialmente cuando se trata de manipulaciones de la genética, la energía atómica y otras por el estilo. J.C.-Efectivamente, ese es uno de los grandes riesgos de las civilizaciones en esta etapa, y hay muchas que no pudieron salir adelante, y se autodestruyeron o involucionaron. Nosotros estamos en el tiempo de los inventos primarios. Luego vendrá la época de la grandiosidad de estas creaciones, con ella llegaremos a poseer máquinas perfectas, de una duración prácticamente ilimitada y tecnología insospechada hoy. Más tarde llegará la era de la genética. Donde aprenderemos a crear seres con las características que queramos, dentro del marco de las rigurosas leyes que regirán sobre la bioética -las que por supuesto no permitirán engendrar vida Frankesteiniana-; y eso nos permitirá un perfeccionamiento tal, que nos transportará a la siguiente, que es la era de la magnificencia espiritual o del alma. En ese tiempo, los inventos tendrán tal excelsitud que será muy difícil mejorarlos. El código genético no tendrá secretos para el hombre, y lo manipulará a su antojo. Será entonces el momento de pensar en sí mismo, y ver la posibilidad de acercarse verdaderamente a Dios en una forma más tangible, inimaginable hoy. |
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