MALVINAS 2000 - Capitulo VIII - Página 070
Entonces me quedaban la lógica de la televisión y la radio, y para ello me había munido de cuatro de esta últimas, y las sintonicé en diferentes emisoras. A una de ellas con la BBC de Londres, y a las otras con las frecuencias más importantes de Buenos Aires. Sentía mucho el no poder capturar la transmisión de la radio de Malvinas, pero eso era impensable con mis modestos equipos. Realmente me hubiera encantado el poder hacerlo. Era casi seguro que sería la primera emisora en dar la noticia sobre el inicial incidente que ocurriera. Recibí varios faxes y algunas llamadas telefónicas. La mayoría me alentaban a continuar firme y no cejar en el empeño, y me volvían a ofrecer diferentes clases de apoyo. Otras requerían informaciones periodísticas, pensando en obtener alguna primicia, ya sea que ciertamente ocurriera algún hecho, o me pudieran tildar de loco. Por supuesto esta última era la posibilidad que por lejos más se barajaba. Varios de mis amigos y conocidos me llamaron esa mañana. Los más, para darme ánimo y todo su apoyo, aunque más no sea moral. Lo cual reconozco que me estaba haciendo falta, y a todos se los agradecí profundamente, pues creía estar seguro de que lo hacían con real sinceridad. Los menos, para ver si solapadamente descubrían con anticipación si mis desvaríos ya eran comprobables, para hacerlos público como primicia, y poder decir "yo ya lo sabía" o algo por el estilo. A mediodía encendí el televisor, y me dispuse hacer "zapping" entre los canales de información y los programas noticiosos de esa hora, a la vez que tenía prendida las cuatro radios en muy bajo volumen. Mi esposa Alicia me ayudaba a escuchar, ya que solo se me hacía muy difícil prestar atención a todas las radios y el televisor. A la par de que la campanilla del teléfono sonaba a cortos intervalos, y nos interrumpía constantemente. |
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