MALVINAS 2000 - Capitulo IX - Página 086
Pero si lo completamos con el encanto de los cerros, que se suelen reflejar sobre las apacibles aguas del lago, y que parecieran custodiarlo y contenerlo; tenemos una visión de hermosura tal, que nos hace pensar en el Paraíso. Al menos de la forma que solemos leerlo en algunos textos. Cuando recorro esos parajes, me siento un privilegiado por poder hacerlo ahora, cuando aún la mano del hombre no consiguió transformarlo todo, como en otras partes del mundo. Y donde esa mezcla de naturaleza-obras, por ser tan incipiente el componente de lo último, le da un especial atractivo. Al salir despaciosamente de una curva, observé tendido en el camino, algo que se asemejaba a un collar de cuentas de colores. Era una culebra de las llamada falsa Coral, ya que son inofensivas, pero se asemejan a las verdaderas, que son muy venenosas. Los hermosos tonos de colores de su piel son semejantes en ambos ofidios, y conforman caracteres tipo arabescos que las hacen muy atractivas a la vista. Estaba recargándose de rayos solares, como cualquier bañista en la playa, y con los mismos derechos que nos otorgó Natura a todos por igual. Hice un pequeño desvío para no perturbarla y me encaminé de regreso a mi hogar. En el visor del pequeño reloj-computadora de mi bicicleta se leía una hora y cinco minutos con un recorrido de quince kilómetros, trescientos metros. Era tiempo de volver. Alicia me estaba esperando en la piscina, aprovechando los beneficiosos rayos del astro rey de esa hora aún temprana. Me informó de algunas llamadas. Entre ellas nuevamente una de la Casa Rosada, y otra del embajador de los Estados Unidos James Cheek., a quien Marcos le había dado mi número telefónico. Me dispuse a seguir mirando los faxes. Había dejado sin leer el último que tuve en las manos, y que estaba bastante ilegible. Con dificultad pude ver que se trataba de los titulares del diario Washington Post, donde decía: ¿ILUSIÓN O REALIDAD? - La muralla es esto último. |
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