MALVINAS 2000 - Capitulo XI - Página 106
Peter.-Me imagino que una de ellas era mi país y la otra empezaba con R posiblemente. J.C.-Es probable que hayan sido esos dos países, pero no lo puedo asegurar. Sin embargo, al no existir denuncias entre ellos en aquellos tiempos, me induce a conjeturar que estaban de acuerdo, o eran cómplices entre varios que lo hacían, ya que habrán pensado -como realmente debe de haber ocurrido- que esos efectos no llegarían nunca al Hemisferio Norte, debido a las enormes distancias a recorrer. Cambiando de tema: ¿es cierto que mañana te volvés a la península de Yucatán, a seguir investigando el meteorito que colisionó allí hace sesenticinco millones de años? Peter.-Efectivamente, viajo nuevamente a México para continuar con estas tareas encargadas por un importante canal de televisión japonés. Ellos están interesados en descubrir si verdaderamente esta colisión ocasionó la desaparición de los dinosaurios. Ya que se calcula a priori, que por su enorme magnitud, con un diámetro de trescientos kilómetros, este impacto pudo haber hecho saltar agua vaporizada, tierra y cenizas a la atmósfera terrestre, con lo cual se habría oscurecido el cielo por años, impidiendo el ingreso de los rayos solares y por consiguiente el crecimiento de las grandes plantas. Lo que debió haber traído aparejado la extinción de los dinosaurios, ya que si bien la mayoría eran herbívoros, existían los carnívoros que a su vez se alimentaban de éstos, cerrando la cadena alimentaria. Semejante choque pudo haber activado una fuerza aún más destructora: erupciones volcánicas en cadena. Te comento que varios científicos han encontrado asentados en rocas de sesenticinco millones de años, concentraciones altas de iridio, un elemento más abundante en los meteoroides que en la Tierra. Esto da pie a creer que en esa época un súper enorme astrolito, o bien un cometa, debió haber colisionado nuestro planeta con estas catastróficas consecuencias. Es posible que algunos dinosaurios hayan muerto por la acción directa de la colisión, otros, enterrados bajo el material volcánico, y los demás, congelados o de hambre en un mundo iluminado sólo por la lava ardiente. |
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